Editorial Noviembre 2008
En esta edición hacemos hincapié en algunos hechos que, si bien es cierto son de decisión nacional, nos afectan tanto como las determinaciones y/o procedimientos que toman los gobiernos provincial o municipal, a contrapelo de las necesidades ciudadanas.
Tanto en el “Saqueo del Agua” como de la “Enajenación de millones de hectáreas a manos extranjeras” o el irracional “Veto Presidencial a la ley que nos garantizaba el agua al proteger los glaciares” se pone de manifiesto una vez más, la ignorancia, la desaprensión y los intereses deleznables y personales de algunos funcionarios, por acción u omisión.
Indudablemente, Argentina es un país sin controles. Ahora, sería bueno que nos preguntáramos ¿Quedarán patriotas? ¿O han sido devorados por este modelo exitista, perverso y corrupto?
Nunca más apropiada la expresión de Don Hipólito Yrigoyen, cuando dijo: “…NO LE TENGO TANTO MIEDO A LOS DE AFUERA QUE NOS QUIEREN COMPRAR, COMO A LOS DE ADENTRO QUE NOS QUIEREN VENDER…”
También es preocupante la apatía de una importante mayoría de la población inmersa en la indiferencia a lo que nos pasa.
¿Acaso no hemos aprendido nada? ¿Vivir con el autoritarismo de los golpes de Estado anulándonos como personas? ¿Padecer gobernantes, corruptos e insensibles unos, ineptos hasta la exasperación otros? Todo ese sufrimiento, desapariciones, dolor, hambre, cacerolas abolladas, ¿fueron en vano?
Sino, ¿como se entiende lo que nos pasa?
Sólo ignorantes titulados remueven y destrozan glaciares. Ni hablar de quienes vetan una ley de protección de las fuentes de agua.
¿Esto es desarrollo? Y para mayor dislate debemos oír a genuflexos ejecutivos sino interesados, con supina ignorancia afirmando que la minería a cielo abierto es controlable y una oportunidad de crecimiento, generadora de fuentes de trabajo.
Así vimos hace unos días a gente, probablemente inducida y dependiente de planes trabajar, sin tener la más mínima noción de lo que es un lixiviado con cianuro o ácido sulfúrico, pedir la reapertura de una mina de uranio que solo ha dejado contaminación de millones de toneladas de residuos radiactivos.
Es importante que se sepa que más de trece operarios que trabajaron vinculados a la actividad uranífera murieron de diversos tipos de cáncer.
¿Que crecimiento y/o desarrollo puede haber en una actividad que destruye millones de litros de agua pura por día, manejada por empresas extranjeras que se llevan todo?
Si lo que hace falta son puestos de trabajo, la ecuación es muy fácil, y seguramente generaría tal demanda que faltaría mano de obra a la vez que se terminaría con el degradante asistencialismo estatal, simplemente si a la actividad agro industrial y ganadera se le otorgaran las mismas prebendas impositivas que a las mineras extranjeras, NO PAGAR IVA, INGRESOS BRUTOS, IMPUESTO AL CHEQUE, IMPUESTO A LAS GANANCIAS, DERECHO DE RIEGO, PAGAR AL 50% LA ENERGIA Y EL GASOIL, cargas que padecen nuestros sacrificados productores, seguramente, sin lugar a equivocación, habría que importar mano de obra como sucede ahora, que a pesar de las desfavorables condiciones para producir, se debe recurrir a obreros del NOA, Bolivia y Paraguay para podar o levantar las cosechas.
Así como ayer decía Alexis Carrel “ciencia sin conciencia es la ruina del alma”, de plena vigencia hoy, creemos que también cabe el axioma “Gobernantes de dudosa catadura moral y población indolente, es la conjunción básica suficiente para la decadencia y destrucción de un país”.
Héctor Correa Gabbi – Director






